lunes, 7 de febrero de 2011

CIENCIA FICCIÓN Y ADOLESCENCIA


Si he de ser sincera, la ciencia ficción me gustó mucho durante mi adolescencia. Hacía bastantes años que no leía nada que tuviera que ver con este tema. No obstante, aquí les dejo un poquito del inicio de un libro que no me ha desagradado, sino todo lo contrario.
Norte
El viajero ya había estado antes en aquel lugar. O en uno tan parecido que habría resultado imposible separar un recuerdo de otro y decidir cuál era real y cuál no.
Avanzó por la calle con un andar rápido y enérgico, una actitud que contrastaba con su cabeza agachada y oculta por una capucha gris. Sus atuendos no llamaban la atención en aquel entorno, lleno de los más variopintos ejemplares humanos y alienígenas, pero se obligó a andar más despacio, con menos resolución, porque en aquel feudo de fracasados y soñadores sin esperanza era delito saber con tanta claridad adónde se dirigía cada uno, y qué pensaba hacer una vez que llegara.

De Crónicas del Multiverso
Autor: Víctor Conde
Premio Minotauro 2010

viernes, 21 de enero de 2011

Veranos de lectura

Pasear por las salas de las civilizaciones extinguidas de un museo es leer un libro de misterio: relatos inesperados, protagonistas legendarios... Aunque los museos son ahora tan populares que los visitantes se agolpan entre los ajuares mesopotámicos y los sarcófagos egipcios -hasta se apoyan en ellos para hacerse la foto- o comen un sándwich en la gran rotonda presidida por Asurbanipal. En medio de ese ruido, las historias intensas que vienen de otro tiempo dejan de oírse: la lectura necesita sosiego.

Lo encuentra no muy lejos, en la cafetería. Allí, un joven de apenas trece años lee ensimismado un libro que apoya sobre la mesa. No consigo descifrar el autor ni el título: da lo mismo. A esa edad se lee todo lo que cae en las manos porque sobra la curiosidad y el tiempo corre lento -"trece años aún", ha pensado quizás con fastidio esa misma mañana al levantarse y recordar la obligada visita al museo.

Sentada frente a él, su madre -debe de serlo, pues comparten el idéntico perfil elegante- se concentra en la taza de té: no le interrumpe. Ha debido de arrastrarle hasta las salas, pienso de pronto, en medio de su lectura de verano que, como ocurre en la adolescencia, atrapa igual que las urgencias del amor: no es posible dejar de leer. Han debido de pasear por las salas que el joven, seguro, ha mirado sin prestar atención, con el pensamiento fijo en el libro dentro de la mochila, la única vida real mientras duran las páginas. Lo demás, lo que ocurre fuera del texto, es solo un trámite incómodo: dormir porque hay colegio a la mañana siguiente, la hora de comer, apagar la luz cuando nos llaman la atención en casa -quién fuera mayor para poder pasarse la noche leyendo...-. Es igual que el mundo fuera se derrumbe. Es igual que se derrumbe dentro -y sucede con frecuencia en la juventud: la lectura termina por acompañarnos en cada momento importante de la existencia, historias que nos hacen diferentes, vivir en tránsito igual que el niño del museo-. Ahí está, solemne, en medio de tantos turistas que comen sin prestar atención al joven lector cuyo gesto me ha devuelto a mis veranos de juventud: leer como si nos fuera la vida en ello.

Y nos va. Nos van las vidas que vamos viviendo, insomnio que nos corteja desde la infancia como un virus incurable. Luego, la edad pone orden en las lecturas -igual que en el resto de las cosas- y el tiempo echa a correr sin que nadie entienda cómo ha ocurrido. Los veranos se hacen cortos y las grandes novelas, las de muchas páginas que nos bebíamos de un trago, permanecen más rato en la mesilla. Miro de nuevo al niño que no ha apartado los ojos ni un instante de ese libro cuyo título no puedo ver y vuelven decididos los veranos largos de lectura incansable. Las páginas pasaban deprisa sin límite de tiempo ni de tema y siento una nostalgia agridulce hacia aquellos meses solo para leer. Los recuperaré este verano. Cogeré mis libros ya leídos y leeré hasta caer rendida, como entonces; a destiempo, sin horario, sin prestar atención al mundo exterior aunque sea Egipto o Mesopotamia, igual que el joven lector del Museo Británico que levanta su libro de la mesa y se lo acerca al rostro. "Henry James", creo ver a punto de salir de la cafetería, dispuesta a volver a sumergirme en aquellas sesiones voraces de hace tanto. Leer como si me fuera en ello la vida.

Estrella de Diego

Publicado en Babelia, 14/08/ 2010

Premio Germán Sánchez Ruipérez de Fomento a la Lectura



lunes, 10 de enero de 2011

Ira DeI


La Laguna 1750, un asesino aterrorizó la ciudad. Hoy vuelve a aparecer.

Ira DeI

Estimados amigos, de vuelta de las vacaciones me he encontrado estrenando un nuevo año, un montón de días para disfrutar de la lectura en compañía de ustedes. Espero que lo estén deseando tanto como yo. Y hablando de lectura, durante estos pocos días vacacionales cayó en mis manos la novela que parece estar de moda en esta Isla, me refiero a Ira DeI de Mariano Gambín. Sin entrar en calidades literarias he de contarles que la novela engancha, lo que ya es bastante. La ciudad de La Laguna más que el escenario donde se desarrolla una historia es una protagonista más de la propia historia que se nos cuenta, las calles, casas nobles, personajillos típicos, bares etc., todo aparece con la mayor naturalidad y nos hace casi protagonistas a los propios lectores que conocemos la ciudad, que paseamos por sus calles y parques, que entramos a los bares... Me ha encantado las referencias al Archivo Histórico Provincial y al documento misterioso que podemos encontrar en él. En definitiva, una novela que engancha desde el principio hasta el final, bien documentada y con algún que otro toque de humor, agradable de leer y muy recomendable para gente joven que se inicie en la lectura de novela policíaca.

martes, 14 de diciembre de 2010

Ajuste de cuentas

Mientras ellas lloraban y rogaban a la policía que no las sacaran de su casa, que les dieran tiempo para recoger sus cosas, porque la notificación del desahucio había desaparecido del buzón, él yacía muerto en un edificio de oficinas no muy lejos de allí. En aquel momento las dos mujeres sólo sabían que perderían su última posesión, todo lo demás estaba perdido ya. Lo que no podían imaginar era que un ajuste de cuentas había terminado con la vida de quien las había dejado sin dinero, sin trabajo, sin hogar y sin amor.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Mario Vargas Llosa

Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro , de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero. [...]
Discurso de Mario Vargas Llosa en la Academia Sueca

vargas_llosa-lecture_sp (2).pdf

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Mario Vargas Llosa

Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo es esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a D'artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura [...]
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma -la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada. [...]
Discurso de Mario Vargas Llosa en la Academia Sueca
El País. com