martes, 22 de febrero de 2011

FINAL


Yo fui el bravo piloto de mi bajel de ensueño;
argonauta ilusorio de un país presentido,
de alguna isla dorada de quimera o de sueño
oculta entre las sombras de lo desconocido.

Acaso un cargamento magnífico encerraba
en su cala mi barco, ni pregunté siquiera;
absorta mi pupila las tinieblas sondaba
y hasta hube de olvidarme de clavar la bandera...

Y llegó el viento Norte, desapacible y rudo;
el vigoroso esfuerzo de mi brazo desnudo
logró tener un punto la fuerza del turbión;
para lograr el triunfo luché desesperado,
y cuando ya mi brazo desfallecía, cansado,
una mano, en la noche, me arrebató el timón...

De Tomás Morales. Las Rosas de Hércules, libro I.

lunes, 21 de febrero de 2011

Poemas del mar, I



Puerto de Gran Canaria sobre el sonoro Atlántico,

con sus faroles rojos en la noche calina,

y el disco de la luna bajo el azul romántico

rielando en la movible serenidad marina...

Silencio de los muelles en la paz bochornosa,

lento compás de remos en el confín perdido,

y el leve chapoteo del agua verdinosa

lamiendo los sillares del malecón dormido...

Fingen, en la penumbra, fosfóricos trenzados

las mortecinas luces de los barcos anclados,

brillando entre las ondas muertas de la bahía…

Y de pronto, rasgando la calma, sosegado,

un cantar marinero, monótono y cansado,

vierte en la noche el dejo de su melancolía...

Tomás Morales

Las Rosas de Hércules, L. I (1922)

viernes, 18 de febrero de 2011

Espejos


Hace tiempo que no sé quién es la persona que habita al otro lado del espejo, me resulta una persona absolutamente desconocida, alguien a quien quizá vi por la calle o con quien crucé un par de frases no se sabe en qué lugar, puede que me suene de algo, pero desde luego he olvidado su nombre, si es que lo supe alguna vez, he olvidado de qué la conozco, dónde y cuándo la vi, qué hablé con ella, esa persona no significa nada para mi.
Eso me llena de perplejidad, porque estoy aquí, a este lado del espejo, y se supone que la persona del otro lado es simétrica, soy yo vista en sentido contrario, yo mirando hacia el norte y no hacia el sur, hacia el este y no hacia el oeste, o quizá al revés. ¿He cambiado tanto?

De Compañeras de viaje. Soledad Puértolas
Anagrama, 2010

lunes, 7 de febrero de 2011

CIENCIA FICCIÓN Y ADOLESCENCIA


Si he de ser sincera, la ciencia ficción me gustó mucho durante mi adolescencia. Hacía bastantes años que no leía nada que tuviera que ver con este tema. No obstante, aquí les dejo un poquito del inicio de un libro que no me ha desagradado, sino todo lo contrario.
Norte
El viajero ya había estado antes en aquel lugar. O en uno tan parecido que habría resultado imposible separar un recuerdo de otro y decidir cuál era real y cuál no.
Avanzó por la calle con un andar rápido y enérgico, una actitud que contrastaba con su cabeza agachada y oculta por una capucha gris. Sus atuendos no llamaban la atención en aquel entorno, lleno de los más variopintos ejemplares humanos y alienígenas, pero se obligó a andar más despacio, con menos resolución, porque en aquel feudo de fracasados y soñadores sin esperanza era delito saber con tanta claridad adónde se dirigía cada uno, y qué pensaba hacer una vez que llegara.

De Crónicas del Multiverso
Autor: Víctor Conde
Premio Minotauro 2010

viernes, 21 de enero de 2011

Veranos de lectura

Pasear por las salas de las civilizaciones extinguidas de un museo es leer un libro de misterio: relatos inesperados, protagonistas legendarios... Aunque los museos son ahora tan populares que los visitantes se agolpan entre los ajuares mesopotámicos y los sarcófagos egipcios -hasta se apoyan en ellos para hacerse la foto- o comen un sándwich en la gran rotonda presidida por Asurbanipal. En medio de ese ruido, las historias intensas que vienen de otro tiempo dejan de oírse: la lectura necesita sosiego.

Lo encuentra no muy lejos, en la cafetería. Allí, un joven de apenas trece años lee ensimismado un libro que apoya sobre la mesa. No consigo descifrar el autor ni el título: da lo mismo. A esa edad se lee todo lo que cae en las manos porque sobra la curiosidad y el tiempo corre lento -"trece años aún", ha pensado quizás con fastidio esa misma mañana al levantarse y recordar la obligada visita al museo.

Sentada frente a él, su madre -debe de serlo, pues comparten el idéntico perfil elegante- se concentra en la taza de té: no le interrumpe. Ha debido de arrastrarle hasta las salas, pienso de pronto, en medio de su lectura de verano que, como ocurre en la adolescencia, atrapa igual que las urgencias del amor: no es posible dejar de leer. Han debido de pasear por las salas que el joven, seguro, ha mirado sin prestar atención, con el pensamiento fijo en el libro dentro de la mochila, la única vida real mientras duran las páginas. Lo demás, lo que ocurre fuera del texto, es solo un trámite incómodo: dormir porque hay colegio a la mañana siguiente, la hora de comer, apagar la luz cuando nos llaman la atención en casa -quién fuera mayor para poder pasarse la noche leyendo...-. Es igual que el mundo fuera se derrumbe. Es igual que se derrumbe dentro -y sucede con frecuencia en la juventud: la lectura termina por acompañarnos en cada momento importante de la existencia, historias que nos hacen diferentes, vivir en tránsito igual que el niño del museo-. Ahí está, solemne, en medio de tantos turistas que comen sin prestar atención al joven lector cuyo gesto me ha devuelto a mis veranos de juventud: leer como si nos fuera la vida en ello.

Y nos va. Nos van las vidas que vamos viviendo, insomnio que nos corteja desde la infancia como un virus incurable. Luego, la edad pone orden en las lecturas -igual que en el resto de las cosas- y el tiempo echa a correr sin que nadie entienda cómo ha ocurrido. Los veranos se hacen cortos y las grandes novelas, las de muchas páginas que nos bebíamos de un trago, permanecen más rato en la mesilla. Miro de nuevo al niño que no ha apartado los ojos ni un instante de ese libro cuyo título no puedo ver y vuelven decididos los veranos largos de lectura incansable. Las páginas pasaban deprisa sin límite de tiempo ni de tema y siento una nostalgia agridulce hacia aquellos meses solo para leer. Los recuperaré este verano. Cogeré mis libros ya leídos y leeré hasta caer rendida, como entonces; a destiempo, sin horario, sin prestar atención al mundo exterior aunque sea Egipto o Mesopotamia, igual que el joven lector del Museo Británico que levanta su libro de la mesa y se lo acerca al rostro. "Henry James", creo ver a punto de salir de la cafetería, dispuesta a volver a sumergirme en aquellas sesiones voraces de hace tanto. Leer como si me fuera en ello la vida.

Estrella de Diego

Publicado en Babelia, 14/08/ 2010

Premio Germán Sánchez Ruipérez de Fomento a la Lectura



lunes, 10 de enero de 2011

Ira DeI


La Laguna 1750, un asesino aterrorizó la ciudad. Hoy vuelve a aparecer.

Ira DeI

Estimados amigos, de vuelta de las vacaciones me he encontrado estrenando un nuevo año, un montón de días para disfrutar de la lectura en compañía de ustedes. Espero que lo estén deseando tanto como yo. Y hablando de lectura, durante estos pocos días vacacionales cayó en mis manos la novela que parece estar de moda en esta Isla, me refiero a Ira DeI de Mariano Gambín. Sin entrar en calidades literarias he de contarles que la novela engancha, lo que ya es bastante. La ciudad de La Laguna más que el escenario donde se desarrolla una historia es una protagonista más de la propia historia que se nos cuenta, las calles, casas nobles, personajillos típicos, bares etc., todo aparece con la mayor naturalidad y nos hace casi protagonistas a los propios lectores que conocemos la ciudad, que paseamos por sus calles y parques, que entramos a los bares... Me ha encantado las referencias al Archivo Histórico Provincial y al documento misterioso que podemos encontrar en él. En definitiva, una novela que engancha desde el principio hasta el final, bien documentada y con algún que otro toque de humor, agradable de leer y muy recomendable para gente joven que se inicie en la lectura de novela policíaca.